UNA MIRADA QUE CRECE EN PROFUNDIDAD
Por José Raúl Ramírez Valencia
Primer libro del Samuel 16, 1b.6-7. 10-13ª
San Pablo a Efesios 5, 8-14
San Juan 9, 1-41
La liturgia de este domingo hace referencia a la mirada, la luz, la ceguera, pero a la vez a la mirada distorsionada. Las tres lecturas enfatizan estas realidades. El libro de Samuel dice: “la mirada de Dios no es como la mirada del hombre, el hombre mira las apariencias, el Señor el corazón”. El apóstol Pablo afirma: “En otro tiempo erais tiniebla ahora sois hijos de la luz”; y el evangelio gradualmente revela los niveles de la mirada del ciego al recobrar la vista: primero ve a Jesús como un hombre, luego como un profeta y, por último como el Hijo del hombre. Aproximémonos a la liturgia en estas cuatro dimensiones.
1. VEMOS APARIENCIAS: “La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, el hombre mira las apariencias, el Señor el corazón”. No basta con ver, muchos ven pero su mirada es perdida y confusa, no diferencian el uno entre el todo, solo ven hombres duplicados, masificados; no logran percibir lo original de cada persona. Hay miradas recriminadoras y vengativas, ven el error del pasado y no alcanzan a percibir el futuro como posibilidad. Hay miradas discriminadoras, no reconocen un mínimo de igualdad, solo tienen ojos parar ver lo superior y lo inferior. Hay miradas pornográficas que despojan a la persona de su dignidad, solo ven fibras corporales para instrumentalizar sin ninguna referencia a la totalidad de la persona. Todas estas miradas son “tuertas y ciegas” necesitan ser sanadas. El problema no es tanto ver, sino ¿cómo se ve?, ¿desde dónde se ve? ¿para qué se ve?. Exupéry en El Principito lo expresó de esta manera: “Lo esencial es invisible a los ojos, hay que mirarlo-morarlo con los ojos del corazón”., es decir, habitar la mirada.
2. EN LAS TINIEBLAS NO HAY CLARIDAD. “En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz: bondad, justicia y verdad”. La palabra tiniebla se refiere a un panorama confuso e inseguro; en las tinieblas solo se ven apariencias, -por ejemplo-, la justicia, la bondad y verdad son degradadas y opacadas, se habla de justucia según la conveniencia personal, pero no se piensa en bien del otro; mientras que la luz revela y penetra estos valores como constitutivos propios de la santidad personal y de la convivencia cotidiana. Cuando estamos en tinieblas nos desviamos y confundimos a los otros, con la luz sabemos: ¿quiénes somos? Y ¿para dónde vamos?
2. PODERES QUE ENTORPECEN LA MIRADA: Los fariseos eran personas que veían a través de las leyes y de su “poder”. Dice el texto “era sábado”. Las tradiciones y las leyes, en algunas circunstancias, ponen un lente viscoso a la realidad del bien. Cuestionador que los fariseos, apegados a la tradición y a sus costumbres, miraran el bien como un pecado y a quien obraba el bien como un pecador. En varias situaciones, la supuesta “autoridad” impide, poner obstáculos a la persona que ha alcanzado la luz; la autoridad en vez de ser una posibilitadora del reconocimiento del bien y de la persona que lo ha hecho pone en entre dicho al autor del bien. Cuando se ve con claridad no se teme confrontar la “autoridad”. El ciego confrontó a los fariseos.
4. UNA MIRADA QUE CRECE EN PROFUNDIDAD: El ciego de nacimiento era una persona sincera y sencilla, que de modo gradual fue descubriendo a Jesús. Primero lo vio como un hombre entre los demás; luego ante los fariseos cerrados y mal pensados lo reconoció como un profeta; y por último, lo reconoce como el Señor. Madurar en la mirada es un proceso no fácil que exige enfrentar y superar las diferentes circunstancias. El ciego se hubiera podido quedar solo con ver a Jesús como un hombre bueno: muchos cristianos solo lo ven como un buen líder, atractivo y compasivo; otros lo ven como alguien que revindica los derechos de los pobres y denuncia las estructuras de opresión y otros en su nivel más alto, lo ven y lo experimentan como el Señor, el Salvador, el Hijo de Dios. Necesitamos llegar a esta última mirada, se llega a esta mirada cuando tomamos conciencia plena de nuestro bautismo y de que Jesús es el Señor.
A manera de conclusión, UNA MIRADA POR RESCATAR. Hugo de San Victor, un teólogo medieval, afirmaba: "Dios ha creado al hombre con tres ojos: uno corporal (realidad sensible); otro racional, (realidad que me revela la razón): y un tercero, el ojo de la contemplación (visión religiosa y mística). Al salir del paraíso, el ojo corporal quedó debilitado; el racional perturbado y de la contemplación, ciego. Si no se cultiva este último ojo, permanecerá ciego". Un buen número de instituciones educativas y de padres de familia están dejando a sus alumnos e hijos ciegos, al no darle cabida a la educación religiosa o verla simplemente como la cenicienta del paseo.
Gracias padre José Raúl.
ResponderEliminarPara ver en profundidad hemos de cultivar la visión religiosa y mistica. Sin esta mirada creemos ver pero solo vemos apariencias; el Ser que sustenta todo lo que aparece se percibe mejor bajo esta mirada.