UN ENCUENTRO QUE SUSCITA UN DESEO MÁS PROFUNDO
Éxodo 17, 3-7
San Pablo a los Romanos 5, 1-2, 5-8
San Juan 4, 5-42
Dice San Agustín, "Jesús tenía sed de la fe de esa mujer." Nosotros tenemos sed de vida eterna. Si conocieras el don de Dios
La liturgia de este domingo nos habla del agua, pero más que del agua, los textos hacen referencia a la sed profunda que padece el ser humano. En la primera lectura del libro del Éxodo, el pueblo murmura diciendo: “Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos”. Y en el evangelio, la Samarita, en un comienzo, solo siente la necesidad de saciar su sed física. Un pueblo o una persona que solo desea saciar sus necesidades físicas, pero no siente sed-deseo de otra agua más profunda, permanece insatisfecho.