sábado, 22 de febrero de 2025

Homilia Domingo VII ciclo C. Tiempo ordinario.

El perdón: Una expresión del hombre espiritual  

Por P. José Raúl Ramírez Valencia 

Hombre terrero vs hombre espiritual

Las lecturas de hoy nos invitan a reflexionar sobre nuestra vida y nuestro comportamiento. En la segunda carta a los Corintios, el apóstol Pablo afirma: “Adán se convirtió en el primer viviente, pero no fue el hombre espiritual.” Esta distinción nos lleva a reconocer dos formas de existencia: por un lado, el hombre viviente, guiado por el instinto y con reaccioens inmediatas, sin refelxión; por otro, el hombre espiritual, capaz de trascender sus impulsos y orientar su vida hacia una dimensión más elevada.

domingo, 16 de febrero de 2025

Homilia Sexto domingo ciclo C. Tiempo ordinario

Por José Raúl Ramírez Valencia.  

Pobreza y confianza: dos actitudes necesarias para el hombre de fe

Crisis de confianza

La liturgia de la Palabra nos invita a la confianza. Sin embargo, vivimos en una sociedad marcada por la desconfianza. Popularmente se dice que ni siquiera confiamos en nuestra propia sombra, y mucho menos en los demás. Día a día, las instituciones pierden credibilidad, la palabra ha dejado de tener valor y se requieren innumerables documentos para respaldarla. Habitamos un mundo donde la desconfianza reina.

sábado, 8 de febrero de 2025

Homilia quinto domingo ciclo C. Tiempo ordinario

 El asombro ante lo divino: pequeñez y vocación

Por José Raúl Ramírez Valencia. 

La liturgia de la Palabra de este domingo presenta tres vocaciones de especial significado por su encuentro con Dios: Isaías, el profeta; San Pablo, el apóstol y Simón Pedro, el discípulo. Estos llamados tienen en común una experiencia de asombro ante lo divino, que conduce al reconocimiento de la propia indignidad frente al misterio de Dios y a la misión encomendada. Finalmente, dicho asombro y sentimiento de pequeñez dan paso a un acto de confianza en Dios, con la certeza de que, sin su ayuda, la tarea resulta imposible de llevar a cabo. De este modo, asombro, pequeñez ante la llamada y confianza en el Señor se presentan como elementos esenciales en cada una de estas vocaciones, manifestando que es Dios quien sostiene y guía la misión confiada.

jueves, 23 de enero de 2025

Jesús más que un amigo: Sumo y Eterno Sacerdote.

Por José Raúl Ramírez Valencia 

Jueves segunda semana del tiempo ordinario. Año impar

El evangelio del día de ayer relata cómo Jesús, al entrar en la sinagoga, curó en sábado a un hombre con la mano paralizada. Este gesto provocó incomodidad en los fariseos y herodianos, quienes lo veían, sentían y escuchaban como un extraño que desafiaba su orden establecido. Sin embargo, no solo ellos se sintieron extrañados por Jesús; Él también quedó sorprendido por la dureza de sus corazones. Una vez que salieron de la sinagoga, fariseos y herodianos conspiraron juntos para acabar con Él. Paradójico: Jesús, haciendo el bien, se sintió un extraño en la sinagoga ante quienes representaban lo político y lo religioso.

sábado, 14 de diciembre de 2024

Homilia Tercer domingo de Advietno. Ciclo C

 ¿Somos felices? Una vocación a la felicidad

Por José Raúl Ramírez V

Vivimos en una sociedad repleta de motivos para estar alegres, pero ¿somos realmente más felices? Quizá el ser humano contemporáneo aparenta alegría gracias a los innumerables medios que tiene a su alcance, pero, ¿experimenta ese gozo profundo que da plenitud? El Papa Pablo VI señalaba con lucidez: El mundo de hoy ha multiplicado las formas de placer y ha disminuido las formas de gozo, de plenitud.” En sintonía, el Papa Francisco, en la encíclica Laudato Si’, afirmaba: “El hombre de hoy tiene demasiados medios, pero raquíticos fines.”

Las alegrías que comúnmente experimentamos suelen ser efímeras: la victoria de nuestro equipo favorito, alcanzar un logro personal o adquirir algo deseado. Estas emociones pasan rápidamente. Pero, más allá de estas satisfacciones momentáneas, surge una pregunta vital: ¿habita el gozo en nuestro corazón?

San Pablo VI planteaba una reflexión paradójica y desafiante: “¿Cómo se explica el gozo de un mártir en el momento de su muerte?” Este gozo nace de un sentido profundo de la vida, una certeza que otorga paz, plenitud y tranquilidad incluso en medio de las dificultades. Si Dios existe, eso ya es una buena noticia; pero si, además, está en medio de nosotros, lo es todavía más. No es un Dios que viene a competir con el hombre, sino a salvarlo, a acompañarlo, a darle sentido. Su presencia transforma vidas: los cojos caminan, los ciegos ven y los cautivos recuperan su libertad.

El gozo: la causa de nuestra felicidad

En la liturgia de hoy, tanto el profeta Sofonías como el Evangelio nos recuerdan que el verdadero gozo y la auténtica alegría tienen una causa clara: Dios viene a estar en medio de nosotros.

Sofonías lo describe con profundidad: no se trata de un Dios lejano, por encima o al lado, sino de un Dios que se instala en medio de nosotros, en nuestra vida cotidiana. Esa es la raíz de la verdadera felicidad: no porque los problemas se resuelvan mágicamente o la muerte desaparezca, sino porque, en medio de todo, ya no estamos solos. La presencia de Dios le da un nuevo sentido a la existencia, una fuerza renovadora para enfrentar las adversidades. Él es nuestro gran compañero y consejero.

La felicidad es, entonces, sabernos amados, perdonados y salvados. Con Dios, siempre existe la posibilidad de recomenzar. Como decía el escritor Maillto: La felicidad es lo que permanece cuando todo lo demás se olvida.”

¿Qué debemos hacer?

Si la certeza de la presencia de Dios es fuente de alegría, cabe preguntarnos: ¿qué debemos hacer? No se trata de enfocarnos solo en lo que nos gusta, pues no todo lo que deseamos conduce a una felicidad duradera. Muchas veces, lo que nos atrae ofrece únicamente una satisfacción pasajera. La pregunta más profunda es: ¿qué debo hacer?

El Evangelio de hoy nos propone tres actitudes concretas como respuesta:

1. Compartir

Compartir lo que tenemos y lo que somos. No hay mayor alegría que dar y reconocer que los demás también participan en la experiencia de Dios. El compartir construye comunidad, nos libera del egoísmo y proyecta un futuro más lleno de esperanza. En un mundo cada vez más individualista, el camino hacia el verdadero gozo pasa por la solidaridad.

2. No exigir más de lo necesario

La experiencia de Dios no implica vivir de manera extravagante, sino encontrar esperanza y justicia en la vida cotidiana. El Evangelio nos invita a vivir con sabiduría, entendiendo nuestras circunstancias y reconociendo nuestras limitaciones. La plenitud no se halla en tener más, sino en ser agradecidos y crecer en medio de lo que ya tenemos.

3. Respetar y ayudar al prójimo

El respeto hacia los demás nace de la certeza de que Dios habita en cada persona. No se trata de aprovecharse de las necesidades ajenas o actuar con egoísmo, sino de respetar la dignidad del prójimo y trabajar por su crecimiento. Respetar a los demás es, en última instancia, una forma de respetar a Dios mismo.

Reflexión final

¿Experimentamos el verdadero gozo que da sentido a nuestra vida o seguimos atrapados en alegrías pasajeras? El Evangelio nos invita a elegir lo correcto: compartir, vivir con serenidad en nuestra realidad y respetar al prójimo. Que estas ideas nos animen a crecer en humanidad, plenitud y comunión con los demás.

Amén.

domingo, 10 de noviembre de 2024

Homilia Domingo XXXII ciclo B

 Por José Raúl Ramírez Valencia 

Tres acritudes ante Dios: Desprendimiento, confianza y providencia.

 Desprendimiento

En el mundo actual, surgen expresiones como desaprender y deconstruir. Términos que hacen referencia al desprendimiento y desapego. Estas palabras aluden a la idea que lo que antes considerábamos seguro,  ya no es, y por ello es necesario soltar. La persona que es incapaz de desprenderse, en el fondo es una persona individualista, apegada a su propio mundo, sus intereses y relaciones. Desde la sociología se habla de bienes necesarios, útiles y superfluos. Algunas personas no son capaces de desprenderse ni siquiera de lo superfluo, lo que dificulta soltar lo que es verdaderamente necesario. Un ejemplo de desprendimiento se encuentra en las dos viudas mencionadas en la liturgia de la palabra, quienes se desprendieron de lo necesario para vivir. La persona con capacidad de desprendimiento es alguien libre de apegos, a personas, cosas espacios y tiempos. La pregunta que surge es: ¿desprendernos de qué y con qué objetivo?

domingo, 7 de julio de 2024

Homilia domingo XIV cilco B

                                                                                                       Por José Raúl Ramírez Valencia 

¿Problema del profeta o de la comunidad?

La vida social se compone de relaciones continuas entre el pueblo y el líder, el jefe y la empresa, el profeta y la comunidad; relaciones que no siempre caminan en armonía: ¿el líder o la comunidad serán el problema? El líder es la persona que motiva a un grupo para alcanzar unos objetivos, mientras que el profeta es quien denuncia y anuncia las buenas nuevas o el distanciamiento de una comunidad con respecto al querer de Dios. La primera lectura narra como Dios envió al profeta Ezequiel a un pueblo rebelde, de corazón obstinado y de dura cerviz; el problema no estaba en el profeta, sino en el pueblo.